Big Bang Data: La experiencia de la información en línea

El Centro de Cultura Digital alberga una exposición que te hará reflexionar sobre la modernidad

Ciudad de México. – El Centro de Cultura Digital luce bastante vacío esta tarde. Tanto, que uno de los intendentes no disimula estar descansando junto a la enorme pantalla de LEDs que recibe a todos los visitantes de la exposición Big Bang Data.

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Hay tan poca gente que te puedes dar el tiempo en tratar de entender cómo es el funcionamiento de cada pieza de instalación expuesta. Lamentablemente no hay nadie con quien compartir el asombro, ni que te las pueda explicar, pues los guardias -las únicas personas presentes- tienen un diálogo muy escueto, casi monosilábico.

Los datos son la clave para entender la intención de cada pieza de esta exposición. Aquella pantalla de LEDs de la entrada, que parece un enorme juego de Pac-Man, no podría tener ese aspecto si no es porque su creador, el programador Iván Abreu, la hubiese animado con el dato proporcionado por el INEGI, de que un 47.8% de la población total del país trabaja de manera informal.

Su nombre es “Minotauro” y se trata de una animación procedural, lo que significa que funciona en tiempo real y es animada como en los videojuegos de ocho bits. Resulta curioso que, para la elaboración de la pieza, Abreu, con componentes de última tecnología, se haya convertido en una suerte de Dédalo, el arquitecto que edificó el laberinto del Minotauro en la antiquísima mitología griega. La pieza es bastante divertida, ¿pero por qué se le ocurrió a Abreu trabajar la idea del laberinto con las cifras del trabajo informal?, ¿acaso querrá decir que en México hay que perderse un buen rato para encontrar un lugar dónde laborar con estabilidad?

Como sea, no hubo tiempo de resolver el laberinto. El manifiesto de la exposición colectiva atrajo mi atención, y decía algo como:

“Situar la cultura de los datos en el centro de la toma de decisiones y de nuestra manera de interpretar el mundo abre muchas posibilidades, pero también implican riesgos.

El peligro es que se fomente la idea de que en los datos está la respuesta a todo problema y que la sociedad prescinda de mecanismos más imperfectos basados en política y negociación”.

Abrumante, ¿no? Y es que esta exposición, curada por la arquitecta y diseñadora Olga Subirós, habla de los datos que generan las experiencias diarias de nosotros, los más 7 billones de habitantes del mundo, a través del uso de Internet: un contenido titánico de información que puede ser usado para miles de propósitos. En este caso en concreto, para un propósito artístico y de reflexión.

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El ejemplo más claro e impactante de todas las piezas es, en mi opinión, “24 horas de fotos”. El mar de fotografías que compone esta instalación pareciera más un tiradero de basura, pero Erik Kessels, el artista, sólo muestra un estimado de la cantidad de fotografías, un cerro de fotografías, que se generan en el sitio Flickr en el lapso de un día. Es más de un millón de imágenes, que pasaron de la propiedad privada de quienes las tomaron, al dominio público del mundo.

Salí de ahí pensando en una entrevista de 1995 donde le preguntaron a Steve Jobs cómo imaginaba el futuro en los siguientes 10 años con la tecnología que desarrollaba, a lo que el visionario de Apple contestó:

“La web es emocionante porque es la concreción de muchos de nuestros sueños, de que la computadora no será un dispositivo para cálculos, sino que se transformará en un dispositivo para la comunicación. Eso está pasando finalmente con la web. Hay una gran cantidad de innovaciones. Creo que la web aportará cosas profundas a nuestra sociedad”.

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Si bien, Jobs anticipó la relevancia que tendría la Internet en la sociedad, quién sabe si también pudo haber advertir los quintillones de datos que en la actualidad se generan diariamente. BigBang Data es sólo una pequeñísima muestra de toda esa información.

Hay una serie de globos terráqueos que el trazo de su geografía está marcado por datos específicos como: la cantidad de patentes según el país, las poblaciones carcelarias, la migración de las aves, o la expectativa de vida; y en otra sala hay un plano de la ciudad de México lleno de puntos luminosos que no son más que las señales de los teléfonos celulares. Pero todo eso resulta minúsculo.

El recorrido de BigBang Data termina con Deep Flight, una instalación sonora hecha con datos de todos los vuelos que llevan y salen del aeropuerto de la ciudad de México. Es casi una experiencia kubrickiana.

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Por Abraham García

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