Innovación: un concepto mal explotado

Foto: poblanerias.com

Por Sheyla López.

En la actualidad, el mundo del marketing está dominado por una palabra: innovación. Sin embargo, ésta deja de ser relevante y especial en el momento que es degradada de forma tal que pierde su valor.

La innovación debe entenderse como este factor especial que cambia la forma en que se conoce un producto, el cómo interactúa con el usuario y la funcionalidad que posee. No obstante, el mercado transformó su significado en algo básico, donde el cambio puede reducirse a la modificación del color o tamaño.

Para que la palabra innovación cumpla su objetivo debe crear un cambio verdadero en el mercado, presentar algo que nunca antes se había visto o reinventar eso que existe y presentarlo como algo completamente nuevo.

Por ejemplo, Uber, que aunque no se vende como una empresa de taxis, ofrece el mismo servicio, sin embargo, transformó la idea que se tenía del mismo y le inyectó el factor tecnología, exclusividad y seguridad, convirtiendo el concepto de taxis en una experiencia completamente diferente.

Después de Uber surgieron empresas similares, no obstante, estas ya no pueden ser catalogadas como innovadoras, pues retomaron algo que ya estaba ahí y lo explotaron.

De esta forma, el concepto puede ligarse con la palabra éxito, ya que si los creativos investigan a los consumidores y encuentran eso que los usuarios necesitan y aún no es desarrollado, tendrán un mercado listo para explotar.

El reto se convierte entonces en la constante transformación del producto de acuerdo a las necesidades del cliente, pues lo que al principio funcionó no servirá por siempre, y un pequeño cambio puede hacer la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Es importante señalar que la innovación no debe caer en un chiste, donde las grandes marcas califiquen el cambio en el tamaño del envase o el nombre del producto como algo innovador, pues de ninguna forma está revolucionando el mundo, simplemente se tratan de pequeños cambios propios de la evolución de un producto.

La clave está en estudiar al consumidor, determinar qué necesita y comenzar a desarrollar ideas que puedan satisfacer esa necesidad de una forma creativa y única, la cual haga especial al producto y se arriesgue a cambiar lo que ya existe.

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