Subconsciente e inconsciente: el cuestionamiento de la Neuroanatomía

Otro planteamiento que se ha convertido en piedra angular del Neuromarketing es la famosa hipótesis de MacLean, médico y neurocientífico de la Universidad de Yale, que retomó y amplió las investigaciones de James Papez sobre el sistema límbico, a principios de los años cincuenta.

Esta hipótesis es ampliada en 1970 por el mismo MacLean, y es conocida como la hipótesis del cerebro triuno, esto es, tres en uno. Con base en la teoría de la evolución, Paul D. MacLean, identificó tres sistemas o cerebros: El cerebro reptil o primitivo, el cerebro paleo mamífero, límbico o de las emociones y el cerebro neomamifero, neocórtex o neocorteza, relacionándolos con la aparición de las especies. Sin embargo, estos planteamientos son una mera analogía.

MacLean estableció que las emociones humanas, a diferencia de los pensamientos, son mucho más complejas en su entendimiento, esto debido a las diferencias estructurales de sus componentes, lo que provoca que cada sistema sea más eficiente para ciertas funciones, actividades o respuestas ante los estímulos que provienen del interior de nuestro organismo o del exterior.

En síntesis, el cerebro reptil, básicamente el tallo cerebral, regularía los elementos básicos de supervivencia; el cerebro paleo mamífero o sistema límbico añade las experiencias a los instintos básicos mediados por el cerebro reptil, esto permite que los procesos de sobrevivencia básicos del tallo interactúen con elementos del mundo externo, de manera autonómica. El cerebro neomamífero o la neocorteza regula emociones específicas, basadas en las percepciones e interpretaciones del mundo inmediato: habla, piensa, realiza constructos mentales y toma decisiones.

A pesar de estas conclusiones, MacLean nunca separó el funcionamiento de cada sistema o cerebro. Simplemente habló de especialización o mejor respuesta, de ahí el planteamiento de triuno; entonces por qué el Neuromarketing los separa y algunos “predicadores” de este, incluso hablan de que somos reptilianos, con conductas eminentemente primitivas e inconscientes. Esto no sólo es determinista, sino reduccionista, cuando el propio MacLean hablaba de la enorme complejidad para entender sólo el sistema de las emociones, inicio de sus investigaciones.

Un buen ejemplo para entender el funcionamiento completo del cerebro sería cómo el instinto de reproducción (tallo cerebral) interactúa con la aparición de un miembro definido como atractivo, donde la cultura sería la que definiría los criterios de belleza y el cerebro neomamífero o neocorteza regularía las emociones construidas con base en percepciones propias e interpretaciones de nuestra cultura, así como el momento donde se diera. El proceso terminaría en sentimientos de amor hacia un individuo particular, el proceso completo nos llevaría desde el cerebro primitivo hasta el cortex, esto es, sensación, que se convierte en emoción, que se constituirá en un sentimiento, que llegará a la experiencia del amor, almacenada en memoria de largo plazo.

El decir que, si sólo somos reptilianos e inconscientes, negaríamos el amor, la poesía, la literatura, la definición cultural de belleza, la cultura en general y el concepto de humanidad en términos generales.

Este tema dará pauta al sexto mito: “el cerebro reptil nos domina”, pero aún falta la tercera entrega del cuarto mito, donde discutiré el cuestionamiento neuroantropólogico ante el paradigma del subconsciente y el inconsciente… nos leemos.

Martín Diez
Acerca de Martín Diez 11 artículos
Especialista en neurociencia y CEO de MercaDiez, agencia de Inteligencia de mercados “full service” con 16 años de experiencia.
Contacto: Twitter

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